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Stephen King viaja al pasado para evitar el asesinato de Kennedy

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Es un lugar común asegurar que Stephen King es un superventas, pero un escritor mediocre. Los seguidores del escritor también tienen su tópico: cuando vende tanto por algo será y este tipo es grande, cada novela suya es grande y las películas que se basan en sus escritos son grandes. Quizá convendría poner las cosas en su sitio. Stephen King es un fenómeno de ventas, posición que se ha ganado a pulso. Escribió en sus comienzos, hace cuarenta años, algunas novelas interesantes, razonablemente bien escritas, buscando siempre la emoción del lector, y de vez en cuando con esquemas innovadores, y siempre ha intentado avanzar algo en la escritura. A veces lo consigue, a veces no, pero una selección de lo mejor de su obra contemplaría media docena de novelas muy interesantes, unas diez salvables, muchos cuentos y novelas breves de alto valor, y el material de desecho habitual. LIBRO.22 11 63No parece mala media para un autor que ha escrito tanto. Porque además de sus muchos títulos, hay que considerar que sus libros tienden a la desmesura en número de páginas. Para establecer las oportunas diferencias podríamos decir que su anterior novela, La cúpula (Plaza-Janés), era una acumulación de asuntos ya leídos: el aislamiento de un pueblo por métodos misteriosos, los personajes tópicos, el héroe a machamartillo, el malo persistente, los idiotas habituales, las acciones habituales, los muertos habituales, las soluciones ya sabidas y mil trescientas páginas para contar algo que no merece más de doscientas. Sus seguidores la adoran, pero cualquier revisión por alguien no abducido por la figura del gigante de las ventas daría una nota baja. Sin embargo 22/11/63, por si no se habían dado cuenta la fecha del asesinato de Kennedy, es una novela muy estimable. Parte de una idea no muy original, el viaje en el tiempo para alterar un hecho del pasado, pero el desarrollo del relato es más atractivo, más variado, incluye diferentes historias inventadas y algunas reales y los personajes no están divididos en los grupos habituales de buenos y malos. Es cierto que King parece estar hablando de un tema que le interesa y de una época idealizada, tenía dieciséis años cuando se produjo el magnicidio de Dallas, y presenta un escenario creíble, una acción que no se estanca,  oportunos giros de guión y un crescendo narrativo que impulsa a seguir leyendo. Siempre se puede discutir la elección del personaje, que es la del autor, de centrar sus esfuerzos en Lee Harvey Oswald al que se acerca para evitar que cumpla su misión y evite otros caminos para impedir el atentado, pero tampoco parece una mala alternativa. Hay otras cuestiones discutibles, pero tenemos que entender que King escribe sobre un asunto frágil de múltiples posibilidades, incluso es una narración de difícil resolución a la que da un final satisfactorio. Y es emocionante al fin, algo que King no conseguía desde hacía tiempo en una novela. Y está mejor escrita que otros trabajos anteriores. Y tiene una excelente historia de amor. Y una colección de personaje memorables. Es un poco larga, eso sí, pero me parece que aquí no está inflada la narración para que nos cueste algo mas la compra del libro. Todo son ventajas en 23/11/63 incluso para recuperar la confianza en un escritor que siempre está por encima de sus compañeros de género.

Félix Linares

Lectura de fin de semana. La otra Islandia de Gudbergur Bergsson

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La literatura islandesa contemporánea está poco a poco dejando de ser una desconocida entre nosotros. Además de las novelas policiacas de Arnaldur Indridason, el creador del inspector Erlunder Sveinsson -se han publicado ya cinco-, en los últimos tiempos nos han llegado obras de escritores tan interesantes como Audur Ava Olafsdottir, autora de Rosa Candida y La mujer es una isla, Jon Kaltan Stefanson, autor de Entre el cielo y la tierra, y Sjon, que nos deleitó con El zorro ártico y Maravillas del crepúsculo. Y hay otro autor más, Gudbergur Bergsson, del que se han publicado ya en castellano cinco novelas.

Bergsson es algo así como un patriarca, el abuelo de todos los autores anteriores. LIBRO.PérdidaUn escritor venerado en Islandia como uno de los grandes de su literatura. Nació en 1932 en un pequeño pueblo de pescadores y desde siempre sintió una atracción hacia la cultura española. Aprendió el castellano y tradujo a su lengua el Quijote y otros clásicos del Siglo de Oro, además de autores contemporáneos como Carlos Barral, Jaime Gil de Biedma y Jaime Salinas. España se lo agradeció concediéndole en 2007 la Orden de Isabel la Católica, el máximo galardón que puede recibir un ciudadano extranjero.

El último libro publicado en castellano es una de las últimas obras del autor, una pequeña novela titulada Pérdida que indaga en la soledad de la vejez. El protagonista es un anciano que rememora, a veces en primera persona, a veces en tercera (intuimos que es él, aunque bien podría ser un observador cercano), como ha llegado a ser un viejo que duerme mucho, que casi no sale de casa, que bebe mucho té y que recuerda los momentos claves de su pasado, sobre todo la relación con su primera esposa que murió tras una larga enfermedad.

En el libro, el presente y el pasado se deshilachan, como si la memoria fuera esfumándose, como si la vida se fuera poco a poco. Una novela sin concesiones, dura a veces, que se resume en una imagen: la de ese barrio en el que los mayores se esfuman, mueren, y de un día para otro son sustituidos por gente joven.

Enrique Martín

El azar, la felicidad, la culpa y la redención en Luis Landero

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Absolución es la última novela del escritor extremeño Luis Landero,  dueño de una prosa muy singular y de una trayectoria jalonada de buenos libros y numerosos reconocimientos entre los que destacan el Premio Nacional de la Crítica y el Premio Nacional de Narrativa que obtuvo con Juegos de la edad tardía, la novela con la que se dio a conocer.

En Absolución, Landero escribe sobre el misterio de la felicidad, la culpa y la redención. Lino, el protagonista de la historia, está a punto de casarse con la mujer de su vida. Lo conocemos un esponjoso jueves de mayo y sabemos que además de afortunado en lo emocional, económicamente tampoco le mal. “¿Será posible que al fin hayas logrado ser feliz?”, se pregunta. Sin embargo, le rondan punzadas de malos presagios. LIBRO.AbsoluciónMientras se arregla para asistir a una comida familiar, Lino recapitula su vida y nos descubre al joven que fue, un chico con un toque a lo Holden Caulfield, que no hace tanto encontraba el mundo hostil y su existencia tediosa. Creció en una zona humilde de Madrid y debía atender a menudo un curioso quehacer que le ordenaban sus padres: visitar a un pariente que, al parecer, hizo mucho dinero en Australia, con la esperanza de que la familia heredara su fortuna. El personaje del padre, que tiene la costumbre de traducir a dinero casi todo lo que ve y que fantasea con hacerse rico, tiene momentos estrambóticos y puede recordar a aquel cabeza de familia que iluminaba la deliciosa novela Un pez gordo, de Daniel Wallace. Pero volvamos al Lino que está a punto de casarse y disfruta de un jueves de primavera. Todo le resulta favorable; sin embargo, ese mismo día se verá envuelto en un altercado callejero que pondrá su vida patas arriba.

La novela refleja además la España actual, en la que, afirma el autor, se respira conformismo y pesimismo, pero con el que persigue trasladar la idea de que podemos y debemos, incluso, ser felices. Landero escribe con una precisión que no le resta calidez ni belleza a su prosa. Diestro en escoger el verbo, en la cadencia del fraseo, nos mantiene atentos a lo que nos cuenta Lino, un personaje algo quijotesco, como quizá lo seamos todos, que toma cuerpo y fuerza desde las primeras páginas de este recomendable libro.

Txani Rodríguez

Joaquín Berges, segundas oportunidades, risas y cosas serias

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Todavía se me desencaja la mandíbula al recordar la lectura de la anterior novela de Joaquín Berges (Zaragoza, 1965), la segunda de su carrera literaria, Vive como puedas.  La novela era como aquellas comedias de situación americanas con sucesos a mil por hora y vibrantes diálogos ingeniosos. En ella asistíamos a las penurias de un pobre hombre ninguneado, el ingeniero Luis, que decidía tomar el destino de su vida en sus manos y darse una segunda oportunidad. La historia en el fondo narraba la relación de un hombre con las mujeres de su vida: sus dos esposas, sus hijas, su madre y hasta su amante.  Aquel personaje patético al que le pasaban cosas muy graciosas -¡cómo nos reímos cuando las desgracias les suceden a otros!- acababa triunfando a su manera.LIBRO.Un estado del malestar

En su nueva novela, Un estado del malestar (Tusquets), Berges incide en el mismo esquema argumental, pero partiendo de un lado diferente de la pirámide social. Si Luis era un fracasado al que todo el mundo pisoteaba, su nuevo protagonista, Ricardo, es lo que podríamos definir como un triunfador cincuentón que goza del prestigio social, está casado con la directora de una revista de decoración, tiene dos hijos aparentemente perfectos y se mueve en un ambiente distinguido; incluso están pensando –su mujer está pensando- en dejar el dúplex donde viven en la ciudad y trasladarse a un chalet con jardín en plena naturaleza en una nueva urbanización de lujo.

Pero nuestro Ricardo triunfador vive en medio de la desazón. Ha llegado a lo más alto en su carrera profesional –es subdirector de unos grandes almacenes- y sus jefes le ofrecen una jugosa prejubilación. Un día, deambulando por un mercadillo cercano al lugar donde trabaja, se queda embelesado con la visión celestial de una mujer de bandera. Se llama Estrella y, como luego descubrirá,  es una viuda joven que vive en la casa de la familia de su marido fallecido, los Teleles. Nuestro Ricardo comenzará entonces un acercamiento peligroso a esa mujer misteriosa y callada que pondrá su mundo patas arriba, aunque contará con un valioso aliado, el tío Jaulín, el padre de Estrella, que no quiere para su hija un entierro en vida. A partir de ahí persecuciones, robos, palizas, enredos varios, juergas, putas, rondas amorosas y una fauna de lo más variopinta y estrambótica que enseñarán curiosamente a nuestro protagonista a comportarse como un hombre y un caballero.

Estamos ante otra novela divertida, tremendamente divertida, de Joaquín Berges en la que se habla de cosas muy serias, de la insatisfacción, de la traición a uno mismo y de la redención a través del amor. Una novela que en el fondo no deja de ser, como el propio autor confiesa, un cuento de hadas moderno, con un príncipe, una princesa, un hombre sabio, un gigante y un malo muy malo. Una novela en clave humorística que nos enseña a entendernos mejor, a entender el mundo mejor, y en la que sobresalen algunos momentos antológicos, como la farra que se corre Ricardo con sus dos nuevos amigos del extrarradio, Fidelio y Juanmi, ó el impresionante diálogo –casi teatral- entre padre e hijo sobre valores, amor y prostitución. El Woody Allen español sigue creciendo como escritor.

Enrique Martín

Lecturas de fin de semana. Puértolas y las segundas oportunidades

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Soledad Puértolas (Zaragoza, 1947) es una escritora singular. Lleva desde comienzos de los ochenta publicando libros. Y ha creado un estilo tan personal que sus textos son siempre identificables. Textos tan conocidos como El bandido doblemente armado, Burdeos, Todos mienten, Queda la noche (Premio Planeta 1989), La vida oculta (Premio Anagrama 1993) ó Historia de un abrigo. Desde el año 2010 es miembro de la Academia de la Lengua Española.

Las novelas y los cuentos de Puértolas están repletos de personajes “en construcción”, de gente inacabada, repleta de problemas y también de esperanzas. Gente que a veces está marcadMaquetación 1a por la tragedia ó por la ausencia, gente insatisfecha con su vida y temerosa ante lo que pueda deparar el futuro. Gente que en el fondo está buscando un poco de amor, alguien en el que apoyarse en los momentos difíciles y con quien compartir los momentos gozosos.

Hay quien dice que su estilo es demasiado naif, demasiado sencillo, como si la sencillez fuera algo fácil de conseguir en la literatura. Yo cuando leo a Puértolas tengo la sensación de que sus escritos están tremendamente depurados, especialmente pulidos, para que la prosa pueda ser degustada por el lector sin trabas, sin tropiezos. A veces consigue llegarnos dentro, otras nos tanto, pero qué escritor consigue que todas sus obras sean redondas.

En Mi amor en vano (Anagrama), su última novela, cuenta la historia de Esteban, un joven al que un grave accidente de tráfico deja  minusválido. Decide entonces cambiar de vida, irse a vivir a otro barrio y abandonar a su familia y amigos. En su travesía del desierto se verá ayudado por una fauna peculiar, la de sus nuevos vecinos y la de los compañeros del Centro de Rehabilitación al que acude. Esteban se convierte en un oyente perfecto: sabe escuchar porque nada quiere comunicar de él mismo. Así sabremos de las andanzas de Dayana, que fue cantante y actriz; de su marido Eugenio, un periodista deportivo alcoholizado; de la hija de ambos, Violeta, que arregla ropa e inventa joyas; de Teresa, la joven madre que vive con un dolor insufrible; y de Julio, el masajista negra del que todo el mundo se prenda.

Una novela de confidencias y dolores. Un novela de amores tóxicos e imposibles. Una novela de secretos y medias verdades. Una novela que cierra puertas oscuras y que al final abre otras más luminosas. Una novela que como la vida fluye y que deja muchos puntos suspensivos… Una novela de Soledad Puértolas.

Enrique Martín

Paco Pastor ó las cosas por su verdadero nombre

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“Lo que no podemos hacer es desentendernos, no podemos ampararnos en la indiferencia, no podemos aceptar que nos culpen por sus errores. La política no puede darnos igual, por muy iguales que nos parezcan todos los políticos, aunque creamos que unos y otros gobernarán sin tenernos en cuenta o incluso contra nuestros intereses. Lo que hacen los políticos nos afecta cada día, aunque a nosotros no nos importen ellos. Aunque no sepamos siguiera su nombre ni conozcamos sus caras, sus decisiones influyen en nuestra vida, en nuestra salud, en nuestra educación y en nuestras posibilidades de progreso. No podemos acomodarnos. Debemos defender nuestros derechos. La indiferencia y la apatía no son la solución de nada, más bien son un regalo para ellos, para los políticos y sus jefes.

No podemos dejar nuestra vida ni nuestro mundo en sus manos. Son nuestros y debemos defenderlos por nosotros, por nuestros hijos y por los que están a nuestro alrededor. Hemos llegado a un punto en el que sólo nos queda cambiar el sistema, reorganizar nuestras prioridades y cambiar el mundo. Si queremos que algo cambie, primero tendremos que cambiar nosotros y más vale pronto que tarde. Ahora, de verdad, es nuestra hora. La hora de las personas.”

LIBRO.Siempre pagamos los mismosSiempre pagamos los mismos es un libro del meteorólogo castellonense Paco Pastor que surgió a raíz de un artículo que publicó en el diario El País respondiendo al pte valenciano Alberto Fabra y a la vicepresidenta del gobierno español Soraya Sáenz de Santamaría. El autor negaba en el artículo su responsabilidad en la crisis, negaba haber vivido por encima de sus posibilidades, como achacaban los dos políticos a los ciudadanos.

Pastor reconoce que no ha escrito este breve libro por iniciativa propia sino a petición de Ediciones B.  No obstante, aun siendo un libro básico en sus concepciones y sus enunciados, no es un libro demagógico.  Es una obra simple, que no simplista.  Es un libro lleno de prudencia, de madura ciudadanía, de compromiso político de base. No es del nivel del Indignaos o del Rebélate, pero en su nivel y a su modo,  desgrana para el ciudadano de a pié las verdades más imprescindibles. Sobre el dinero, sobre las instituciones financieras, la política y los políticos, la educación, la sanidad…

Y sobre todo ello nos da sencillas explicaciones llenas de sensatez que contrarrestan la machacona propaganda oficial, que a costa de repetirnos manipuladores mensajes, llega a hacernos comulgar con ruedas de molino. Y nunca mejor traída la comparación porque parecería que esas ruedas han sido atadas a nuestro cuello y están destinadas a arrastrarnos bajo el mar, al proceloso mar de la crisis, que parecería no tener responsables.  Es como dice Paco Pastor, la hora de los ciudadanos, la hora de las personas y el momento de despertar.

Jokin Aldazabal

Sechu Sende, relatos al euskera desde la Galicia de hoy

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La colección de relatos Made in Galiza, escrita por el autor gallego Sechu Sende, fue reconocida por los libreros gallegos como mejor libro del año en 2007. La acogida del público fue extraordinaria y se han grabado vídeos y creado cómics basados en estos cuentos que ahora podemos leer en euskera gracias a la editorial Txalaparta.

La normalización del uso del gallego es el tema que recorre Made in Galiza. untitledUna única mirada, la de Senchu Sende, pero muchas perspectivas, dan forma a este libro que se nutre la fantasía, de lo mágico, para hablarnos de una realidad lingüística, la de Galicia, que en muchas ocasiones nos recordará a la nuestra. Los relatos, muy breves, imaginativos, en muchas ocasiones, humorísticos nos conducen también a la Galicia legendaria, allá donde las metáforas, las alegorías o las fábulas cobran protagonismo y carta de naturalidad.

Los cuentos nos acercan a ladrones de palabras, a creadores de términos, a curiosos estudios sociolingüísticos y un sinfín de situaciones relacionadas con la lengua. Una de ella recrea un Madrid en el que el castellano ha sido desplazado por otra. “Muy poca -leemos en ese relato- gente parece darse cuenta de que no hace muchos años en Madrid o Valladolid todo el mundo hablaba español con  absoluta normalidad. Y sin embargo los jóvenes, cuyos abuelos hablan en su mayoría español, consideran que el castellano no es moderno, que es solo algo tradicional como el cocido madrileño o el chotis.” Este cuento, titulado Madrith está, por cierto, en castellano, al igual que en la versión gallega.

Hay que destacar, por otro lado, el trabajo de Txerra Rodríguez que no solo ha traducido los textos de Sende sino que los ha adaptado a la cultura euskaldun, citando, por ejemplo, una canción tradicional en euskera donde suponemos iría una gallega. “Galizieratik eta euskaraz – afirma en el prólogo el traductor- hizkuntzen bidegorrietan barna amets egitera deitu. Made in Galiza made in Euskal Herria ere izan daitekeelako.

Txani Rodríguez

Knausgard, la recreación de una vida sueca

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Quizá para demostrar que no todo es novela negra en los países nórdicos, algunas editoriales han empezado a publicar otros trabajos de autores muy diferentes. Es una buena idea porque, además de descubrir la variedad de estilos y temas literarios que se pueden encontrar en el norte de Europa, quizá algún lector de historias policíacas pueda sentirse tentado a probar estos relatos. Por supuesto allí también son muy aficionados al “basado en hechos reales”. De hecho esta novela de Karl Ove Knausgard le tiene a él de protagonista, el padre del título es el suyo y las peripecias que narra le suceden a él.

Conviene aclarar antes de seguir que el bueno de Karl, y esto queda claro en la propia narración, se puso a la tarea de ser novelista a toda costa en su temprana juventud, pero a pesar de haber publicado un libro no acababa de encontrar tono, estilo e historias que contar para el segundo, así que tuvo esa idea que a cualquier candidato a escritor le ha asaltado en un momento, o varios, de su vida: contar sus propias vivencias. Y puestos a hacerlo decidió hacerlo a lo grande, o al menos así le ha salido al final porque el Maquetaci—n 1hombre se ha hecho con una serie de seis títulos, escritos, y publicados, en un tiempo record. Aquí ha llegado el primero de la serie que, como su título indica, trata de las relaciones paterno-filiales y, sobre todo, de sus consecuencias.

Permítanme que especule sobre el sistema de trabajo a tenor de lo leído y el tiempo, menos de dos años, invertido en la escritura de, si todos los tomos tienen la longitud de este, tres mil páginas. Parece que Knausgard se ha puesto a escribir de forma volcánica, conforme aparecían las ideas en su cerebro y sin demasiado orden. Si así ha sido declaremos nuestra admiración porque el trabajo le que quedado muy fino. Pero, naturalmente, esto ha debilitado la estructura. Verán la novela comienza con los recuerdos de infancia del protagonista, pasan en un segundo capítulo a apuntar su situación actual, o al menos actual cuando escribía estas páginas, sigue con la adolescencia del personaje, comienza una segunda parte donde sigue de forma más extensa con las dudas y dificultades para encauzar su carrera de escritor y, casi en la mitad del tomo retorna al pasado para enfrentar la muerte de su padre. Y él y su hermano, del que apenas sabíamos nada, se ponen a arreglar los asuntos, y la casa, del fallecido. Cada parte se explica en sí misma, pero quizá un poquito de orden hubiera beneficiado a la historia, y al lector. Pero, oigan, cada escritor es muy libre de hacer lo que quiera. Y Karl Ove Knausgard lo hace muy bien.

Otra cosa es la importancia concedida a diferentes cuestiones. Puede que en la visita al supermercado me interesen las diferencias entre productos con vistas a una operación de limpieza general, pero las divagaciones sobre este asunto me resultan poco apasionantes en un relato, pero eso sí, todo es real como la vida misma. Otro problema que tengo con este libro es la duración de las secuencias. Ya entiendo que para cualquier persona es importante su adolescencia, pero dedicar cincuenta páginas a una Nochevieja en la que no pasa nada mas allá del deambular del protagonista de fiesta en juerga, que tienen en común que en ninguna le hacen caso, quizá sea un poco excesivo. No sé, estoy confuso con la obra de Karl Ove Knausgard, pero entiendo que mis problemas con este texto derivan de mis manías, así que voy a recomendarles la lectura del libro y luego ustedes ya deciden si quieren seguir con el ciclo que, por cierto, se titula Mi lucha. Muy fino no ha estado ahí el autor.

Félix Linares

Lecturas de fin se semana. Karen Thomson Walker y el fin del mundo

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Curiosa novela ésta, publicada este mismo año en Estados Unidos. Prácticamente antes de salir al mercado sus derechos habían sido vendidos para veintidós idiomas y para el mundo del cine. Es la primera novela escrita por Karen Thomson Walker, una periodista que vive en Nueva York y que se dedica al mundo editorial.

La edad de los milagros (Grijalbo) tiene una temática que podríamos calificar de entrada como de ciencia-ficción ó de novela de catástrofes. El mundo ha comenzado a ralentizarse.LIBRO.La edad de los milagros La Tierra ha comenzado a rotar cada vez más lentamente y los días se van alargando sin que nadie ni nada puedan evitarlo. Las causas no están claras, pero parece que algo han hecho los seres humanos que ha acabado fastidiándolo todo. Los desastres van aconteciendo uno tras otro. Los días llegan a tener cuarenta horas. Las personas viven como zombis porque nadie puede dormir como es debido. Los pájaros desaparecen; la hierba desaparece; la radiación aumenta; la comida tal como la conocemos desaparece del mapa: deja de haber carne, verduras, fruta… No sucede de golpe, acontece poco a poco. Hay quien quiere seguir viviendo la misma vida, pero en condiciones diferentes. Se impone la Hora Oficial, contraria a la Hora Real. La mayoría de la gente acata las nuevas normas; una minoría no. Hay enfrentamientos entre la “gente de bien” y los “rebeldes”.

La novela está narrada desde el punto de vista de una niña de once años que vive en un suburbio de casas con jardín en una gran ciudad de California y que está a punto de entrar en la adolescencia. Se llama Julia y está rodeada de personas y secretos: sus padres y su extraña relación, su vecina y profesora de piano que será la primera en adoptar la Hora Real, la amiga mormona que la abandonará, el abuelo y sus colecciones estrambóticas, el chico que le gusta y la sostendrá…

Un libro tremendamente melancólico que narra sin estridencias –no hay sangre, no hay muertos, prácticamente no hay violencia- el final de una civilización, el desmoronamiento de un mundo, el final de nuestra presencia sobre la Tierra. Poético, doloroso y hermoso.

Enrique Martín

Iban Zaldua reflexiona sobre “ese idioma raro y poderoso”

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Tengo la impresión —señala Zalduade que quienes escribimos en una lengua minorizada (…) estamos obligados a tomar unas cuantas decisiones más que la mayoría de escritores”. A partir de esta tesis, el escritor donostiarra ha dado forma al ensayo Ese idioma raro y poderoso. Once decisiones cruciales que un escritor vasco está obligado a tomar, publicado recientemente por la editorial Lengua de Trapo. Entre esas disyuntivas podemos destacar las siguientes: escribir en euskera o en castellano, hablar o no del conflicto vasco, ejercer o no de escritor comprometido, hacer o no uso de la ironía, intentar dar el salto a otros mercados pasando o no por el español, “mostrarse como escritor de ánimo universal o subrayar su exotismo indígena”, presentarse o no como nacionalista… LIBRO.Ese idioma raro y poderosoSobre esta decisión, Zaldua escribe y matiza: “Hay que señalar que siendo un parámetro todavía importante, y aun teniendo muy en cuenta que en los primeros tiempos de la literatura contemporánea en euskera la asociación entre escritores vascófonos y nacionalismo era, excepciones aparte, un hecho más que probable, las cosas están cambiando. O dicho de otra manera: al contrario que en el mundo natural, la biodiversidad está aumentando poco a poco pero sin cesar en este resbaladizo terreno.

En fin,  lo que en cierto modo puede parecer un lío extraordinario es referido por Zaldua de un modo ameno. En el prólogo ya nos anuncia que intentará hablar “siempre que pueda, en serio” de la literatura en euskera y sus circunstancias, desde el punto de vista de un lector que, a su vez, es escritor. Arte y parte por tanto de la literatura vasca de estas últimas décadas, Zaldua no ha tenido reparos en nombrar a una abultada nómina de autores ni en referir polémicas concretas, una postura que le aleja de la abstracción. Como él mismo confiesa en el prólogo le gustaría que “el ensayo fuera una especie de guía no académica para quienes, sobre todo, fuera del País Vasco, deseen saber algo más sobre literatura vasca actual: estudiantes, profesores, periodistas, aficionados a la literatura”.

El ensayo incluye un relato del propio Zaldua sobre las traducciones —se ve que el donostiarra no ha conseguido acallar del todo  su voz de cuentista— y añade además tres singulares apéndices: en el primero Zaldua se anima a recomendar algunos libros traducidos al castellano; en el segundo nos habla de las cuatro “generaciones” que aprecia en la literatura vasca actual y en el tercero diserta sobre el lugar del relato y afirma que la consideración del cuentista en el sistema literario vasco es mayor que en el español, un hecho éste que merece ser celebrado.

Txani Rodríguez