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Lecturas de fin de semana. Enric González, el buen periodista

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Enric González (Barcelona, 1959) es uno de los grandes periodistas españoles de su generación. Ha trabajado gran parte de su vida en el diario El País y principalmente en varias corresponsalías. De sus estancias en algunos de ellas extrajo el material suficiente para publicar Historias de Londres, Historias de Roma e Historias de Nueva York, tres libros maravillosos. Además, de su estancia en Italia también surgió otro libro, Historias del calcio, en el que se recopilaron las mejores columnas que publicó los lunes en las páginas deportivas de su diario sobre el fútbol italiano y que en el fondo eran auténticas radiografías de lo que acontecía en aquel país. LIBRO.Memorias líquidasGente a la que no le gustaba para nada el fútbol, las devoraba con admiración.

Ahora Enric González ya no está en El País. Lo abandonó cuando la dirección del mismo aprobó un ERE que echaba a la calle a algunos de sus periodistas más excelsos. Aunque él no estaba en la lista decidió irse como señal de protesta, por solidaridad y por ser consecuente con sus principios éticos. Seguro que su padre, el gran escritor de novelas negras González Ledesma se habrá mostrado muy orgulloso. Memorias líquidas recrea la carrera profesional de Enric. Comienza con sus inicios en el periodismo tardofranquista y en el de la transición, en diarios de Barcelona como la Hoja del Lunes, el Correo Catalán ó el Periódico. Sigue con el salto a El País; una entrevista alucinante, breve y con suspense con el todopoderoso director del diario Juan Luis Cebrián; y una explicación de lo que el periódico supuso en la España de la Transición. Y luego comienzan los viajes: la Guerra del Golfo (donde prácticamente todo se inventaba), las corresponsalías de Londres y París, el genocidio de Ruanda y un viaje alucinante al Pacífico Sur para informar de las explosiones nucleares francesas.  Los primeros problemas con la jerarquía de El País cuando el periódico se transforma en una correa de transmisión de los intereses del grupo PRISA. Y Nueva York y Washington y el 11-S, y un encuentro con Bush… y el aznarismo y las trincheras periodísticas. Y la felicidad en Roma y los amigos muertos. Y el principio del fin del trabajo en el periódico. Y de los coletazos en Jerusalén. Y de los problemas económicos de PRISA, y de los sinvergüenzas, y del ERE, y del adiós.

Un libro de memorias increíble, maravillosamente escrito, que concluye que el periodista no debe de olvidar que “cada mesa es un Vietnam” y que debe poner su honestidad por encima de todo, porque al final uno no es nada más que un asalariado para la empresa en la que trabaja. ¡Caray, qué bueno es este hombre!

Enrique Martín

Lorenza Foschini, jugando con Proust

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Esto no es un relato imaginario. Todo lo que se consigna en él ocurrió en realidad”, advierte la autora de El abrigo de Proust en una premisa al libro. También confiesa que mientras llevaba a cabo este trabajo descubrió la importancia que revisten los detalles mínimos: los objetos sin valor, los muebles de dudoso gusto, hasta los viejos abrigos descosidos. Lorenza Foschini, la escritora y periodista que firma esta intriga bibliófila, narra en primera persona cómo accedió a la apasionante historia de El abrigo de Proust cuando hacía una entrevista para un programa de televisión a un diseñador de vestuario, un tal Tosi. Él fue quien la puso sobre la pista de Jacques Guerin, un magnate parisino de los perfumes, que amaba los libros por encimaLIBRO.El abrigo de Proust de casi todas las cosas. En 1929 Guerin conoce a Robert Proust, hermano de Marcel, por casualidad y entabla relación con la familia del genio de la literatura, que había fallecido recientemente. El bibliófilo descubre que la familia del autor de En busca del tiempo perdido se propone destruir sus manuscritos y malvender sus pertenencias porque les avergonzaban los textos de Proust y, a qué negarlo, su homosexualidad. Durante años, constante y tozudo, Guerin irá haciéndose con todo aquel legado. Llegará incluso a conseguir su objeto más codiciado: el abrigo de piel de nutria que el friolero Marcel Proust tantas veces vistió, el mismo que usaba como manta mientras escribía su obra maestra tumbado en la cama.

Lorenza Foschini reconstruye con habilidad la vida de Guerin, recrea una época fascinante y convierte su relato en la crónica de una obsesión literaria. “Jacques Guerin -escribe la autora- advirtió que, a su pesar, estaba implicado en una aventura a la que había sido llamado para cumplir la tarea de salvar algo que consideraba precioso”. El abrigo de Proust incluye además fotografías del autor y de sus efectos personales que entusiasmarán a los admiradores del genio francés. Estamos pues ante un delicioso libro sobre libros, muy del gusto de la editorial, envuelto por un halo metafísico. En el postfacio se recoge en una frase el espíritu del afán de Guerin: “Creó la ilusión casi perfecta de que la vida de Proust continuaba. Su fetichismo era el método que le permitía detener el tiempo, echar un manto sobre la muerte y colmar con objetos de diversa índole la nada que Proust denunciaba y, a la vez, superaba en su obra”.

Txani Rodríguez

Julie Otsuka, narradora del apartheid japonés en Estados Unidos

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La estadounidense de origen japonés Julie Otsuka (Palo Alto, California, 1962) se ha convertido con solo dos novelas en una de las grandes estrellas de la literatura estadounidense. Y lo ha hecho narrando la peripecia de sus antecesores que a principios del siglo XX abandonaron Japón para instalarse en la costa oeste de Estados Unidos. El año pasado la editorial Duomo publicaba Buda en el ático, su segunda novela, una extraordinaria historia coral que narraba la vida de las mujeres japonesas que fueron a reunirse a través de matrimonios concertados con hombres nipones, a los que no conocían, en un país lejano y culturalmente muy diferente al suyo. Utilizando un NOS aglutinador, Otsuka nos contaba cómo fue aquella odisea desde el duro viaje en barco a un mundo desconocido, cómo fue el primer contacto con aquellos maridos soñados, que no reales, cómo comenzaron a trabajar en condiciones durísimas en campos, casas de ricos y comercios, cómo llegaron los hijos, cómo fueron prosperando a pesar del rechazo racial y cómo, cuando el mundo prometía un futuro esperanzador, Japón bombardeó Pearl Harbour y los estadounidenses entraron en la II Guerra Mundial y de golpe y porrazo los japoneses americanos se convirtieron en potenciales espías, en sospechosos, en enemigos de la nueva patria. Y entonces fueron obligados a abandonar la costa oeste, y a dejar todas sus posesiones, y fueron obligados a subir a camiones y a trenes que los trasladaron a campos de internamiento en el Medio Oeste: una ignominia más, poco conocida, en la historia contemporánea de los Estados Unidos.LIBRO.Cuando el emperador era Dios

Todo esto se contaba en Buda en el ático. Ahora llega la primera novela de Otsuka, la que le dio a conocer, Cuando el emperador era Dios, que curiosamente arranca en el momento en el que una familia japonesa es obligada a dejar su hogar en California después del bombardeo de Pearl Harbour para ser trasladada a uno de esos campos de internamiento. El padre ya no está porque ha sido encarcelado como presunto espía. Solo quedan la madre, de unos cuarenta años, y los hijos, una niña de once años y un niño de ocho. La novela está narrada en cinco emotivas y duras escenas. En la primera, desde el punto de vista de la madre, asistimos a las últimas horas de la familia en su hogar californiano. La madre empaqueta, los niños duermen, hay que liberar al pájaro, hay que matar al viejo perro familiar, hay que llorar en silencio. La segunda estampa, el viaje en tren hacia el encierro, la vemos a través de los ojos de la hija: ancianos tristes, niños inquietos, un ladrillo contra una de las ventanas de un vagón, caballos salvajes en la llanura… En el tercer capítulo el protagonismo lo asume el más pequeño de la familia cuando están ya en Utah en algo parecido a un campo de concentración. Hay polvo y desolación y calor extremo y frío extremo. Hay tedio y locura. Y mucho tiempo para recordar cómo se llevaron al padre en pijama en plena noche y para soñar en el reencuentro y en el retorno al hogar. Un retorno al que asistimos en el cuarto capítulo, el más coral. La madre y sus dos hijos regresan a su barrio, a su casa esquilmada, destrozada por el pillaje y el paso del tiempo, al reencuentro con sus viejos amigos blancos, que le miran de soslayo con desconfianza, pero también con vergüenza por lo que hicieron. Y hay que buscar trabajo y hay que volver al colegio y hay que hacerlo con la cabeza gacha porque todavía son el enemigo, los responsables de muchos seres caídos. La novela se cierra con un epílogo en el que se narra la vuelta del padre, tiempo después, un hombre que se ha convertido en la sombra de lo que fue, que confesó todo que le pidieron que confesara: era un espía, un traidor, un saboteador, un terrorista… era el enemigo y sin embargo no era nada de todo eso, era “uno de los nuestros”.

Maravillosa novela, escrita con precisión, con lirismo, con ternura, con dulzura y dolor. Una bellísima historia trufada de heroísmo y superación. Después de leer este libro y Buda en el ático los lectores tendremos dos cosas claras. La primera, que conocemos algo más de otro episodio de la Historia Ignominiosa de la Humanidad. Y la segunda, que Julie Otsuka ha llegado para quedarse con honores en el pabellón de los escritores talentosos.

Enrique Martín

Lecturas de fin de semana. Amado Gómez Ugarte, escritor secreto

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Amado Gómez Ugarte (Llodio, 1956) es un magnífico escritor alavés que no ha tenido mucha suerte con sus libros y eso que tiene un montón publicados. En el mercado hay tres relatos de literatura infantil y juvenil publicados en euskera y seis libros para adultos en castellano,  cuatro novelas –entre ellas La Secana y El último mono- y dos libros de relatos Para siempre y el que hoy presentamos Inframundos.LIBRO.Inframundos

En 91 páginas encontramos 17 relatos, algunos de ellos con premios, que hablan de esos mundos interiores oscuros que los humanos tenemos en nuestro interior y que, a veces sin darnos cuenta, marcan nuestro comportamiento en la vida. Hay un hombre que siente una pasión enajenada por la poesía que le llevará a la mendicidad y a la locura. Hay una vieja y mezquina curandera que hará lo imposible para que su aprendiz siga con ella y su legado permanezca. Hay un hombre, enfermo terminal de cáncer, que se convierte en ángel vengador de mujeres maltratadas. Hay un escritor retirado que se transforma en cocinero de fama… por cocinar a una mujer. Hay una mujer que busca al hombre de su vida y que cuando este hombre no cumple las expectativas termina asesinándole. Hay un hijo “especial” que se compromete a decir solo la verdad y provoca catástrofes por donde pasa. También hay otro hombre que dice siempre la verdad, hasta que descubre la bondad de decir algunas mentiras piadosas. Hay un hombre al que los sueños se le transforman en pesadillas de Lovecraft. Hay otro hombre que todas las mañanas hace la maleta para marcharse de casa y conseguir sus sueños y vuelve al de unos minutos. Hay un personaje que llega a la conclusión de que la vida es una mentira y que solo la muerte es real y de lo que decide hacer a raíz de esa conclusión.  Hay un niño que congela el tiempo para evitar que su padre muera de cáncer. Y así hasta diecisiete relatos.

Un libro de tono fantástico, irreal, alucinado, que sin embargo esconde una visión tierna del ser humano con sus maldades y sus bondades. Un libro escrito con una sencillez desnuda que encandila. El libro de un escritor que no tiene todo el reconocimiento que debería tener.

Enrique Martín

La naturaleza humana y su evolución, según el maestro Edward O. Wilson

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“¿Son las personas buenas de manera innata, pero corruptibles por las fuerzas del mal? O por el contrario, ¿son intrínsecamente malas, y redimibles sólo por las fuerzas del bien? Las personas son ambas cosas. Y así será eternamente a no ser que cambiemos nuestros genes, porque el dilema humano estaba predestinado en la manera en que nuestra especie evolucionó, y por lo tanto constituye una parte invariable de la naturaleza humana. Los seres humanos y sus órdenes sociales son intrínsecamente imperfectos, por suerte. En un mundo en constante cambio, necesitamos la flexibilidad que solo la imperfección proporciona.

El dilema de lo bueno y lo malo fue creado por la selección multinivel, en la que la selección individual y la selección de grupo actúan juntas sobre el mismo individuo pero en gran medida cada una opuesta a la otra. La selección individual es el resultado de la competencia para la supervivencia y la reproducción entre los miembros del mismo grupo.  Modela en cada miembro instintos que son fundamentalmente egoístas en referencia a los demás miembros.  Por el contrario, la selección de grupo modela instintos que tienden a hacer que los individuos sean mutuamente altruistas (pero no con respecto a los miembros de otros grupos). La selección individual es responsable de gran parte de lo que llamamos pecado, mientras que la selección de grupo es responsable de la mayor parte de la virtud.  Juntas han creado el conflicto entre los peores y los mejores ángeles de nuestra naturaleza.

LIBRO.La conquista social de la TierraEste es un párrafo de la obra La conquista social de la Tierra, de Edward O. Wilson, editada por Debate.

Confieso haber abandonado la lectura de este libro, confieso haberlo abandonado varias veces. Especialmente tras explicaciones de biología poco digeribles sin una base más sería que la mía. No obstante, en este caso,  la perseverancia es amplia y maravillosamente recompensada.

El autor, octogenario catedrático de biología, especialista en las hormigas, refuta la teoría de la eficiencia inclusiva o del gen egoísta de Dawkins e intenta probar la mayor validez de la selección natural multinivel para una sociedad como la nuestra que ha superado los niveles de eusocialidad de  hormigas, abejas y termitas. Somos egoístas como individuos y altruistas como integrantes de grupo o tribu.

Basándose en los conocimientos sobre nuestra naturaleza animal, nuestra biología, el autor intenta ahondar en la naturaleza humana. ¿Qué somos? ¿De dónde venimos? ¿A dónde vamos? Por este camino nos alumbra sobre los orígenes de la moralidad y el honor, del lenguaje, de las artes creativas, de  la música, de la religión. Siempre basándose en nuestra naturaleza animal aunque moldeada por el grupo.  Es especialmente poderoso su, digamos, manifiesto contra el negativo influjo de los poderes religiosos, aunque siempre expresado en términos especialmente respetuosos.  Y finalmente, no menos poderoso, su llamamiento a cuidar de esta planeta y su biodiversidad, abandonando quimeras de colonizar otros mundos.

Estamos ante un gran trabajo que aúna ciencia con humanidades. Sabiduría tranquila pero firme, la de Richard O. Wilson y La conquista social de la Tierra.

Jokin Aldazabal

Karlos Linazasoro, diversión en el tanatorio

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Bertan Goxo es el título de la nueva novela de Karlos Linazasoro, publicada en Elkar, en la colección Ateko bandan, dirigida al público juvenil, aunque estoy segura de que estamos ante una lectura perfecta también para los adultos.  Esta nouvelle va en la línea de otras publicadas anteriormente por Linazasoro como Urperatze handia o Udalbatza bahituren kasu pollita. Pero entremos en harina. Bertan goxo es el nombre del nuevo tanatorio que Martín, el protagonista de esta historia, va a abrir en el polígono industrial de la localidad donde vive. AZALA bertan goxo.inddLa narradora es su hija de diez años que a instancias de su padre ha invitado a sus compañeros de clase a la fiesta de inauguración del local. Su madre, en cambio, una mujer seria, cabal, no está de acuerdo con que su marido le quite tanto hierro al asunto. Martín mantiene conversaciones con los muertos, lleva en secreto sofisticadas estadísticas sobre los decesos, y parece haber naturalizado la muerte, a fuerza de tratarla de cerca.

Aunque el libro tiene alguna otra escena previa, el grueso de la acción descansa sobre la fiesta de inauguración del tanatorio. Acuden a la misma algunos amiguitos de la joven narradora, un bertsolari, el alcalde del pueblo, el cura, un autobús de jubilados dispuestos a arramplar con todos los pintxos… En un principio, la reunión transcurre con normalidad –en lo que cabe- pero pronto se desatará una tormenta que les dejará sin luz y, gracias a las nuevas tecnologías, atrapados. Llegará entonces el momento de las plegarias, de los juegos para pasar el rato y, sobre todo, de inopinadas reflexiones sobre la vida y la muerte. Las conversaciones alcanzan tal grado de profundidad y excelencia filosófica que contribuyen al humor absurdo que recorre toda esta historia que tiene también mucho de crítica social.

Bertan goxo se lee con facilidad y con rapidez ya que los diálogos, a menudo chispeantes, son fundamentales. De hecho, no es difícil imaginar una adaptación teatral.  Sea como fuere, encuentro más interés, discurso y diversión en esta novela breve que otras muchas que nos llegan cargadas de pretensiones.

Txani Rodríguez

Care Santos, melodrama en guerra

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El melodrama es un género literario que parece haber vuelto con fuerza al terreno de la narrativa. Quizá nunca lo había abandonado. Y todos podemos recordar bastantes títulos de éxito que beben en la fuente del melodrama. Pero  el melodrama es muy difícil de hacer. Si te pasas en la ración de azúcar te queda un plato empalagoso. Si aplicas el pudor el género se desnaturaliza. Y hay que ser muy buen narrador para sujetar las riendas del coche del melodrama. Hubo un tiempo en que los autores lo manejaban con desvergüenza y el público no se avergonzaba de leerlo. Incluso hoy nadie se escandaliza si decimos que Dickens era un autor melodramático. Pero como ahora los géneros no tienen prestigio, aunque se leen más que nunca, casi todo el mundo trata de huir de ellos. LIBRO.El aire que respirasCare Santos, no lo hace. Asume con rotundidad su trabajo, hace la tarea de la mejor manera que sabe, y lo sabe hacer muy bien, y nos suelta unas novelas perfectamente estructuradas y narradas y documentadas y contadas.

El aire que respiras (Planeta) es un melodrama, cuenta las historias de una serie de personajes fácilmente identificables: el joven arrancado de su casa y lanzado a la aventura por el mundo, la mujer arrebatada por su amor, el caballero ilustrado de buenos sentimientos, el malvado arribista, el huérfano, la malcasada, los religiosos, en fin, todo el zoológico. Si me apuran, nada nuevo. Ahora bien, lo primero que deben saber es que Care Santos narra muy bien, con la sabiduría de quien es buen contador, así que tenemos ya un importante tanto a su favor. Todo fluye natural en su narrativa. Además sabe incluir la documentación sin que  ahogue a la narración y en las dosis necesarias para que el lector esté suficientemente informado y, si quiere saber más, busque las fuentes por su cuenta. Para que nada falte, va incluyendo una serie de elementos que separan los capítulos, aquí una biografía, allá un menú, acullá una ley o una norma de la época, que aportan cierta información además de romper de manera imaginativa la narración. Y, de repente opta por un segmento de literatura epistolar y coloca varias cartas. Mas allá te encuentras con un diario donde uno de los personajes va dando su visión de los hechos. Con ello demuestra la autora que sabe decidir cuál es la forma más adecuada para cada momento: una elipse que evita algunos episodios poco brillantes, una acción importante que ocurre fuera de plano para que pueda ser contada desde otros puntos de vista.

La verdad es que Care Santos no da tregua al lector y le mantiene permanentemente interesado en lo que está contando, algo que no se da mucho en las novelas actuales que siempre acaban estancándose por culpa del mal manejo de los elementos a tratar. Por supuesto no toda la novela es igual de intensa, hacia la mitad presenta cierto desfallecimiento, pero se recupera páginas adelante; los diálogos no son siempre arrebatadores, pero los hay muy brillantes, y la inevitable trama ambientada en el presente y que sirve de unión a los distintos episodios de la auténtica novela, es bastante inferior a la historia principal, pero, sinceramente, es de agradecer esta gozosa asunción del melodrama como genero a reivindicar y esta capacidad para contarlo de la mejor manera posible.

Félix Linares

Lecturas de fin de semana. J.K. Rowling se presenta a los adultos

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J.K. Rowling es la famosa escritora británica creadora de las novelas de Harry Potter. Tras la conclusión de las aventuras del joven mago había expectación ante su próximo proyecto literario. Ya contó que quería escribir una novela destinada exclusivamente al público adulto y eso hizo que muchos críticos la esperaran con el cuchillo entre los dientes. De ahí que algunas críticas hayan sido especialmente feroces. Otras, las menos, muy laudatorias.

Para mí Una vacante imprevista es una magnífica novela. Si la firmara un autor desconocido, muchos de los que la han criticado, estoy seguro, dirían que estamos ante la aparición de un gran talento literario. LIBRO.Una vacante imprevistaY es que Rowling tiene talento para narrar historias y para crear personajes complejos huyendo del maniqueísmo de ensalzar las virtudes del héroe y las maldades del villano.

La novela cuenta una historia de nuestros días que transcurre en un pequeño pueblo de la campiña inglesa. Se llama Pagford y en él se ha desatado una batalla cruenta, adornada de aparentes buenas maneras, entre los prohombres de la localidad por cubrir una vacante en el consejo municipal tras la súbita muerte de uno de sus miembros. El fallecido era un bienintencionado abogado que luchaba por sacar del barro a niños de clase baja sin futuro y que había puesto toda su carne en el asador para salvar al depauperado barrio de los Prados.

De manera coral se cuenta este enfrentamiento en el que todo vale, hasta la mentira y la difamación, y en el que todos, hasta los más progresistas, tienen un lado oscuro. La conclusión es que al final siempre pierden los mismos, aquellos a los que la vida no ha dado ninguna oportunidad. El retrato que hace Rowling de estas pequeñas comunidades tradicionales es desolador. La escritora no utiliza un bisturí para desnudar a estos conservadores que beben todavía de las fuentes de la doctrina de Margaret Thatcher, sino una sierra y un soplete. El paisaje que queda después de la batalla no puede ser más sangriento.

Hay quien ha dicho que estamos ante una comedia negra. No ha leído la novela. Porque Una vacante imprevista es una tragedia negra negrísima que retrata como pocas veces hayamos podido leer a un conjunto de seres humanos que aspiran a llegar a la felicidad, algunos intentando salir del fango, otros esquilmando a los demás, muchos vadeando la vida con tristeza, los menos con un poco de dignidad. Gran debut de Rowling en la narrativa para adultos, con un magistral encadenado de historias cruzadas que más de un escritor consagrado debería estudiar para aprender.

Enrique Martín

Lola López Mondejar, relatos sobre los aterradores lazos familiares

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Lazos de sangre es el segundo libro de cuentos de la escritora y psicoanalista murciana Lola López Mondéjar. Este trabajo está dividido en dos partes: en la primera aglutina los relatos más extensos y en la segunda, los más breves. El denominador común de todas las historias son los lazos familiares, a menudo lazos de sangre. Si cada persona es un mundo cada familia constituye una constelación de satélites. Dan para mucho, las familias. Y Mondéjar no se desliza por la vertiente aterciopelada de estas relaciones. LIBRO.Lazos de sangreSus relatos son contundentes y como ella misma los califica “poco amables”.  A menudo descansan sobre situaciones límite, de especial intensidad, pero otros se desbordan a partir de acciones en principio inocuas, como la construcción de un huerto ecológico. Sea como fuere, pequeñas y grandes miserias, dobleces e hipocresías quedan al descubierto en las páginas de este libro. Los misterios del amor, la vejez, la pérdida, las herencias, las consecuencias de una jubilación, los celos, las tragedias y los secretos familiares, todo tiene cabida en esta colección. Cabe destacar la habilidad de López Mondéjar para crear personajes hondos y con perfiles psicológicos bien definidos. También llama la atención la viveza de sus diálogos. De hecho algunos de los relatos son simplemente eso: un diálogo ingenioso. Respecto al estilo hay que señalar que tiene una sencilla apariencia y que es directo. La autora no se pierde en disquisiciones y prefiere ir al meollo de las historias, ubicando al lector en el centro de las historias con comienzos como éste: “Cuando me llamaron para decirme que mamá había muerto, estaba terminando mi tesis doctoral sobre las tortugas baula en Costa Rica, y su cuerpo sin vida yacía en algún lugar de los alrededores de Oslo.

Los lazos de sangre se tensan pronto y la génesis de muchas de estas historias parte de un momento que también se describe en este libro: aquel instante en el que el bebé distingue al extraño del familiar, a sus padres de entre el resto de personas del mundo.

Txani Rodríguez

Frantz Delplanque y el poco plácido retiro vasco del asesino a sueldo

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Imaginemos un asesino a sueldo. Imaginemos que está cansado de matar. Tiene 68 años y cree que ha llegado el momento de descansar y de disfrutar de los logros de toda una vida. Imaginemos que consigue que su jefe le diga: “Vale. OK, puedes jubilarte… a cambio claro de que no cuentes por ahí nada de lo que has hecho”. Y el asesino a sueldo responde: “Pues claro. No te preocupes. Si tu no mandas a alguien a matarme, no saldrá a la luz el libro que he escrito y he depositado en un despacho de abogados en el que cuento todas mis aventuras y todas tus tropelías”. Y el acuerdo queda firmado.

Así comienza Un gramo de odio, la primera y exitosa novela de Frantz Delplanque que le ha convertido en uno de los nuevos valores del “polar”, que es como se denomina a la novela negra en Francia. LIBRO.Un gramo de odioEl asesino se llama Jon Ayaramandi y ha decido jubilarse en su País Vasco natal en el pueblecito costero de Largos cerca de Baiona la capital de Iparralde. Ayaramandi, que no aparenta la edad que tiene gracias a un físico impresionantemente trabajo, es un tipo erudito. Lee mucho y le gusta con locura la música anglosajona que escucha a todas horas. Tiene memoria musical. Recuerda canciones a mansalva y tiene una para cada momento. Además es un tipo que tiene una gran vida interior. La conocemos porque la historia está narrada en primera persona. He aquí algunas de sus sentencias. “Todo hombre es como una bolsa sorpresa. No hay que abrirla nunca, demasiado riesgo de decepción”. “La vida no tiene muchas cosas, pero todo lo que le falta está en los libros”. “Me encanta el paro. Nada me reconforta tanto como ver a la sociedad enfrentada a sus propios fracasos”. Y he aquí algunas de sus reflexiones identitarias. “El genotipo vasco se compone de genes del padre, de la madre y del señor cura”. “Soy vasco. No me gustan los fascistas”. “Como buen vasco que soy, me cuesta cambiar de opinión”.

Entre tanta frase y aforismo nuestro héroe deberá dejar su retiro a la fuerza y embarcarse a su pesar en una orgía de sangre. Y todo porque el novio de su protegida Perle, casi su hija adoptiva, le pide que encuentre a su novio Al que ha desaparecido misteriosamente. Al es un atractivo discapacitado que se pasa la vida pescando y al que persigue un pasado que no consigue esquivar. Para encontrar a Al y proteger a Perle y su hija Luna, casi su nieta, Ayaramandi deberá enfrentarse a su antiguo jefe Marconi y sus secuaces, a Burger –otro asesino a sueldo con el que trabajó tiempo ha- y a la banda de la viuda Martínez. Aunque no estará solo porque en la aventura le acompañarán Valentín su antiguo conductor y cantante de un apañado grupo de rock, Jean-Luc el dueño del bar Cap’tain, la peluquera Mylene y un clan gitano con el que comenzará a tortas y que acabará adoptándole. Por el camino muchas balaceras, algunas escenas de tortura, perdidas dolorosas y la sensación de que el hombre solitario ha encontrado por fin algo parecido a una familia.

Lo interesante de la novela de Delplanque es como consigue hacernos creíble, cercana y digna de admiración la figura de un asesino profesional que llevaba a cabo sus encargos sin ninguna fisura moral. Quizás el hecho de presentárnoslo en el ocaso de su vida, luchando por primera vez por otros y no por sí mismo, y sufriendo de amor, obre el milagro. Por lo demás la novela se lee de un tirón porque la espiral de violencia que se inicia hacia la mitad del libro nos conduce a mil por hora a una conclusión angustiosa y vibrante.

El escritor, tras el éxito, trabaja en estos momentos en una segunda entrega del personaje. Larga vida a Jon Ayaramandi.

Enrique Martín