Bruto y peligroso, al volante
Fue como un chasquido, fino y crujiente, como si hubiera aplastado con la rueda de mi coche un cartón de huevos. Pero no era eso, sino otro coche con el que, sin darme cuenta, porque ya me encontraba en medio de la calzada para incorporarme a mi carril, choqué suavemente. Para mi infortunio, porque el conductor, menos decente, se puede decir que era de todo.
Fue hace unos días. Salía de mi lugar de trabajo, a eso de las tres de la tarde, y en el cruce de dos calles, en plena capital dominicana, paré para ver si venían automóviles en ambos sentidos. Pasaron los que se acercaban por la izquierda, y quedó uno a unos 60 metros. Por el lado derecho, empezaban a llegar. Pero, como es habitual en este país, hay que aprovechar el hueco para ganar la posición. Y el otro que frene.
Parece que frenó, pero encima de mí. Cuando me fui a incorparar en el carril en dirección norte, sentí ese crujido leve y la impsobilidad de avanzar. Cuando miré a mi izquierda, ahí estaba el carro, como delantero de fútbol que busca al defensa para pegarse con él, tirarse y buscar el penalty. Pero no había árbitros.
Salí marcha atrás y me estacioné en una estación de gasolina que quedaba al lado. Se puso detrás mío. Me bajé del coche y fui donde él, tranquilo, como mandan los cánones del conductor que en este país no queire líos, porque cualquiera te saca una pistila y allí acabaste. "Usted debió ver que yo estaba ahí y no quedarse tan cerca de mí". Para qué dije nada. Pistola no, pero lengua y mala sangre, toda.
El individuo se puso histérico, me dijo que eso lo íbamos a solucionar y que yo era el culpable y que le iba a pagar el arreglo de su carro. Aquí no aparecen una unidad de atestados, ni nada que se le parezca. La policía, más bien, se escabulle para evitar problemas. Le propuse ir a al Casa del Conductor, un moderno lugar en el que se presta declaración, se presentan los papeles y, en caso de inconformidad, se pasa a "juicio" y a esperar sentencia. Pero él sabía que no le iba a favorecer, y comenzaron las amenazas.
"Tú vas a tener que pagar el arreglo de mi carro. Y no te vas de este país sin que esto esté resuelto. Y te voy a buscar hasta encontrarte". Eso fue antes de llegar allí. "Yo voy a ir -le dije- a dar mi declaración y que los seguros se entienda, pero no me amenace ni me insulte porque usted ni me conoce".
Ante tanta agresividad de su parte, me metí en mi vehículo y llamé por celular a una generala amiga mía para que me ayudara porque, realmente, tenía miedo de que el "tiguere" (especimen vivaracho, agresivo y que trata de salirse siempre con la suya cueste lo que le cueste) me "entrara a trompadas", como dijo bien alto, y para la sorpresa de todos, en la estación de gasolina.
En la Casa del Conductor di mi declaración. El policía tomó nota. En perfecto inglés, por lo que deduzco que el tipo tiene estudios internacionales, aunque muy poca educación, me calificó de "idiot" cuando hablaba por su móvil con alguien. "De nada sirve que hables en inglés, porque te estoy entendiendo todo. Así que, por favor, te guardas los insultos", le dije.
No estuvo de acuerdo con mi declaración, y se quejó. "Usted, ahora, da la suya, y si no está de acuerdo con el acta, busca al personal de su seguro en las oficinas de ahí (las principales aseguradoras tienen personal asistente en el lugar) y van donde el fiscal para tratar de conciliar", dijo el policía, haciéndole saber que desconocía si mi declaración me reconocía como culpable o no.
Me mantuve tranquilo mientras dio su versión de los hechos. Y cuando todo estuvo listo, fui donde el personal de mi seguro. No había nadie del suyo, el que ofrece las tarifas más baratas del país, algo que se refleja en el servicio que brindan. Fue directamente donde la fiscal y, cuando ésta le dijo que tendría que esperar y que había que conciliar, haciendo aspavientos empezó a caminar de un lado al otro de una sala llena de gente. Siguió con sus insultos en algo, con sus amenazas, hasta el punto de que le tuvieron que llamar al orden en más de una ocasión.
No hubo forma, pero ya mi "seguridad" había entrado en la sala y pudo contemplar al hombre de crogmanon. Todo el mundo me dijo que me estuviera tranquilo, que era un bocazas y que así no iba a llegar a ningún lado. No le hice ni caso… Hasta que, parece que cansado, y volviendo a amenazarme con buscarme y encontrarme, se fue. Gritando, claro.
La fiscal, con la que hablé minutos más tarde, me animó a poner una denuncia contra él si me acosa de alguna manera. Mis amigos de las Fuerzas Armadas me han dicho que no dude en llamarlos para darme protección. Por ahora no ha pasado nada, y espero que todo quede así. Mi carro apenas tuvo un roce en el guardabarros.
Cuando llegué al país me dijeron que tenía que tener tres amigos: un militar, un abogado y un médico. Por suerte, tengo varios amigos militares, varios abogados y algún que otro médico. Y hasta algún ex guerrillero de la época de Trujillo, también. Por si las moscas. Pero da pena que haya brutos y peligrosos al volante en un país que necesita paz y tranquilidad para enfrentar los problemas de su cotidianidad para seguir por el camino hacia el desarrollo.

!Joño, que diría Amatiño! ¡Me he puesto nervioso hasta yo! No sé si ahí rige una norma muy caraqueña que culpaba al que quedaba más atrás: o sea que, en el último momento, antes de chocar, todo el mundo aceleraba, se adelantaba. Pa’mí que el tipo es guapo y apoyao… ¡A lo mejor -a lo peor- tiene él también su militar, abogado y médico, y de más galones…! Me enteré también de que ahí hay generalas. Una, al menos. Amiga. ‘Ta bueno.
Jajajaja, Y buena amiga, de las que deja los galones a un lado para disfrutar de la vida con un vinito, Rioja, y un queso, de Idiazabal cuando se puede.
Aquí no hay comportamientos como el de Caracas. Se trata de un sálvese quien pueda y mejor tener un seguro a todo riesgo para que cubra las consecuencias. Creo que él no lo tenía, porque su coche, a decir verdad, tampoco estaba bien. Incluso alguien que iba con él me dijo que el arrebatao andaba incómodo porque se le venía parando en la calle.
Pero bueno, hay que cuidarse porque la tensión está fuerte ante las dificultades económicas fruto de la crisis del petróleo, los desastres naturales/artificiales, la crisis alimenticia y no sé cuántas crisis más.