Cómo te pareces a tu padre
No se si es “por culpa” de este dichoso blog o, simplemente porque por cuestiones de edad “tocaba”, pero el caso es que, últimamente, he pensado mucho en mi padre. Mi relación con él nunca fue demasiado buena (más bien al contrario) aunque, sobre todo desde que murió, de repente, de un ataque al corazón hace un par de años, recuerdo lo que me dijo un día mi madre: “cuando erais pequeños, tu padre os adoraba”.
En EEUU tienen una verdadera obsesión con el padre (en Euskadi la tenemos con la madre) hasta el punto de que son muchos los hombres que tienen que ir a terapia para solucionar asuntos de su vida que, a lo largo de la edad adulta, no han conseguido solucionar y que les persigue como si de un fantasma se tratara. Yo respeto absolutamente a los siquiatras y a las personas que van al siquiatra o al psicoanalista pero creo que yo no podría hacerlo. Estoy demasiado acostumbrado a preguntar y a que me contesten, a que me hablen, por lo que, una vez que lo intenté, me sentí tan sumamente raro que no volví nunca más.
Mi hermana solía decirme que yo me lo echaba todo a los hombros y seguía para adelante. Recuerdo que una vez que me lo dijo en Nueva York la miré y creo que le contesté algo así como: “¿y qué quieres que haga, ser un desgraciado toda mi vida?”. Mi padre, nuestro padre, fue muy infeliz y no por culpa de su mujer, que era una santa –aunque decirlo así suene a tópico-, sino por culpa del alcohol (posiblemente por eso, yo no bebí alcohol durante muchos años y sigo sin probar el tinto, cuyo olor me repugna). Creo que su infelicidad me ha servido para ser relativamente feliz, para alcanzar ese nivel de felicidad que considero aceptable y del que hablaba hace unos días. La frase parece injusta pero intentaré explicarla.
Me acuerdo de que, cuando éramos pequeños, mi padre trabajaba mucho. De hecho tenía dos trabajos: durante el día en el Banco de Bilbao, y por la tarde, llevando la contabilidad de una empresa privada. Los fines de semana solíamos ir toda la familia (los 6 supongo) al campo en el Seat 600 blanco, el único coche que tuvimos y cuya matrícula recuerdo perfectamente: NA 49351. Recuerdo los nervios de mi madre, sobre todo una vez que tuvimos que pasar por un puerto lleno de curvas. Hoy me imagino que habría bebido, y que mi madre se puso de los nervios pensando que nos iba a despeñar a todos en el 600.
Pero también tengo recuerdos muy bonitos, como la primera vez que mi padre me llevó a Zarautz a ver el mar a. Esa es una de las imágenes que ha quedado grabada en mi memoria para siempre. Me acuerdo cómo por la noche tras regresar, contaba a mi madre, la experiencia de haber visto el mar por vez primera. Quizás por ello siempre he tenido un cariño especial por Zarautz. Recuerdo también que solíamos ir a pasar las tardes de los domingos a Mendillorri en donde sólo estaban los depósitos de agua y guardo también en mi memoria aquellos campos enormes (al menos a mi entonces me lo parecían) cubiertos de margaritas.
Solía acompañar a mi padre cuando los domingos por la mañana iba a jugar el fútbol –creo que llegó a jugar en alguna división- o jugar a pelota en el frontón. Hoy me pregunto qué pensaría cuando vio que a mi el fútbol –o cualquier otro deporte, la verdad sea dicha- no despertaba demasiado interés en mi. Pero recuerdo que me gustaba ir a verle jugar. También en más de una ocasión fuimos a pescar y recuerdo que la familia entera íbamos a pasar el día a una casa y al río a coger cangrejos.
Me he acordado de todo esto porque este verano, sin querer, he visto mi cara en el espejo; no iba a mirarme sino que sin querer, me encontraba con mic ara en el espejo y me he dado cuenta de que me parezco mucho a mi padre, algo que, si alguien me hubiese dicho hace unos años, me hubiese cabreado muchísimo.
Me pregunto qué hace que una persona cambie un buen día y deje de hacer las cosas que le gustan, o deje de prestar atención a sus hijos… Hace unos años, cuando mi padre ya retirado, decidió rendirse ante la vida y se relegó a sí mismo a una cama en compañía de su radio, hablé por teléfono con él y me dijo, como de pasada, como sin darle importancia: “te he oído en la radio con Marlene, joder que locos estáis”, y se echó a reír a carcajadas. Su comentario me sorprendió gratamente pero mi madre me comentó que me escuchaba todos los viernes en la tertulia de Graffiti (entonces El Altavoz). Al final de su vida, mi padre me demostró, a su manera, que no había perdido su cariño por mi y que si bien, como a mi, le costaba mucho expresarlo, encontró la manera de decirme que me seguía y que me quería.
La infelicidad de mi padre, su amargura con la vida y con el mundo, esa que le llevó a ser un alcohólico, me ha ayudado a disfrutar de la vida, de cada momento, de cada vivencia, de mis amigos, de la gente que me quiere y a la que quiero… El parecido físico es inevitable, pero el otro, el carácter, es moldeable. La vida es demasiado corta como para dejarla pasar sin disfrutar de los que quieres y de los que te quieren y de los buenos momentos, con la ayuda de un siquiatra o, en este caso de un blog, en el que poder expresar tus sentimientos, que sin lugar a dudas y tal como estoy descubriendo, son compartidos por muchos. Creo que mi padre se sintió orgulloso de mi. Si leyera este blog, lo estaría todavía más, a pesar de las verdades que a veces duelen demasiado.

¿Es extraño,verdad?
A mi se me hace raro pensar… si sabrá lo que hago, si se sentirá orgulloso, si le gustará el hombre en el que me he convertido…
Es curioso como ahora perdonas actitudes y oosas que hace unos años no pasabas por alto…
Que jugueton es el cariño. En ocasiones permanece agazapado hasta que brota cuando ya no puedes agradecerlo. ¿o si?
Aprender de los errores de tus progenitores es una buena lección de vida. Me alegro que te la hayas aprendido y le pongas remedio en tu vida.
Hola Luis, cada día me gustan tus historias. Además me siento bastante identificado con esta última. He de admitir que la relación con mi padre en mi adolescencia y juventud no fue nada buena, pero ( y en esto coincido con Mori)ahora que nos vamos haciendo mayores, he llegado a comprender muchas actitudes, e incluso a perdonar cosas que en su día nos separaron. Un fuerte abrazo desde Zarautz.
que jodido es cumplir años y aunque no nos guste el curpo va cambiando y yo creo que de ahi que cada vez nos parecemos mas a nuestros padres en este caso al padre a mi ultimamente tambien me dicen que como me parezco a mi padre,me guste o no algo de bueno tendra,digo yo aunque tenga que vuscarlo,sobre todo como dices Luis,la comunicación que no la hay,no por nada pero somos de pocas palabras y menos de expresar la afectividad,y mi padre ya es bastante mayor,la unica comunicacion es o a sido para discutir,ahora ya no es mejor pasar,espero que algun dia cambiemos y no sea demasiado tarde,porque le diria muchas cosas que nunca le he dicho,
agur
Es un tema sobre el que pienso bastante en los últimos tiempos, Luis, aunque por lo que dices mi relación con aita fue bastante mejor que la tuya.
Será, como dicen otros comentarios, por el paso de los años; no sé si físicamente, pero a veces me parece que hablo con mis hijos como si fuera él
Ah, Alberto, aprovecha antes de que se vaya. A mí creo que se me quedaron muchas cosas en el tintero.
es un asunto de la q reflexioné hace un par de años..y aunq pienso q lo tengo superado no lo es así..
los comentarios anteriores supongo q son de gente de 40 años..yo tengo 25..y la mayoría de esta edad tenemos padres de 50 para arriba..
aunq sea otra generación..la relación de los dos es muy fría..y llega un momento en tu existencia q necesitas su presencia,su interes por ti,su cariño..y no te lo da!!
no sé si es pq él nunca lo recibió..ahora noto un cambio, no sé si es pq su padre ya no está con nosotros o pq estoy fuera..y si os digo la verdad, me enfado..y me pregunto ¿donde has estado estos años?
algunas veces pensaba q era pq mis padres estan divorciados..pero tengo amigas q viven todos en la misma casa..y tienen el mismo problema q yo!!¿por q?
cuando vine a Kobenhavn, me extraño muchisimo la atención q tienen los padres de aquí con sus hijos!!es por q es una generación diferente??
gracias Luis, por hacerme ver q no soy la única q reflexiona sobre este tema..
un abrazo grande
xog.
Luis que bonito has escrito este tema…
Tambien yo estoy de acuerdo que el estaria muy orgulloso de ti.
De nina fui la nina del los ojos de mi
padre hasta el punto de causar celos a mi madre. Y yo lo queria como cualquier otro nnino-a asu padre, e igual ami madre solo que a cada genero lo exorese de forma distinta ahora pienso…Durante la adolescencia hubo un
gran abismo entre el y yo…quiza demasiado grande. Pero antes de separarme de el atraves de este gran charco aproveche en lo mucho que lo queria y aunque no cuajamos durante muchos ainos estaba inmensamente agradecida por darme vida y enseinarme
lo que dentro de sus posibilidadaes inteletuales, sociales y culturales me transmitio. Pero como te pareces a tu padre…! Solia decir mi madre y ello me molestaba, pero es cierto soy kaskagorra como el, y de un corazon tran grande que a veces me asusta al no ver el horizonte el, y en otras cosas que opto por no contar que son mis secretos sino dejaria de ser quien soy.
A los dos los amo de igual, creo yo, ocurre que al que ya no esta se le entrana mas la memoria a una. Pero no por ello dejo de llamar a mi ama y decirle que la hecho de menos, de vez en cuando, y contarle que el dia se esta acortando.
asi que coje la pluma y escrieble que le hechas de menos…y que te acuerdads de el de vez en cuando y con carino…
el orgullo se convierte en arrogancia con el tiempo y esta en armagura se no se atreve uno a hechar la primera palabra.gracias luis por este blog tan bonito…
Madre solo hay una: Y menos mal.Desde q tengo uso de razon me repeti una y mil veces q el dia q ella muriese yo no lloraria y asi a sido P.D. x mi padre si llore…………..Madre solo hay una y menos mal…..
Más vale tarde que nunca. Hoy me decido a comentar algo en tu blog. Que suerte que tengas todos esos recuerdos. A mi me quedan algunos de cuando todavía le quería, luego me asaltan sonidos, imágenes y olores, y al final lo recuerdo como tú, en la cama con su radio y sus cigarros rubios, winston, y al final lm, que era más barato, decía Araceli. Siempre me queda la pregunta de cómo sería yo si él hubiera sido un padre normal…