Toda la vida por delante
Un buen día, de repente, sin que uno se de cuenta, pasa de tener “toda la vida por delante” a tener por delante “el resto de su vida”. Tengo amigos periodistas que tienen veintitantos años, viven en Nueva York y acuden con frecuencia a mí para pedirme consejo. Ellos tienen toda la vida por delante; yo he pasado a tener delante de mí, el resto de mi vida. Jamás pensé que yo podría dar consejo profesional a nadie y, sin embargo, parece que sé hacerlo, lo que no quita para que, de vez en cuando, también yo lo busque entre periodistas a los que respeto profundamente y que están bastante más cerca que yo de la jubilación (si es que un periodista termina de retirarse del todo alguna vez).
Decía hace unos días que estoy contento con el nivel de felicidad que he alcanzado (algo que, por cierto, puede acabar de un plumazo, no pequemos de optimismo absoluto) tanto a nivel personal como profesional. Trabajo mucho –con la nueva programación de Radio Euskadi ya en marcha, lo hago todavía más-. Este blog me da más trabajo del que parece porque pienso en él y en los artículos que voy a escribir, más de lo que luego queda plasmado en el mismo, pero me he dado cuenta que paso mucho tiempo pensando en las preocupaciones de mis colegas y amigos más jóvenes y que un día fueron o siguen siendo las mías.
Hace unos días le decía a uno de mis amigos/colega que, aun sin perder la ilusión ni el optimismo, me he dado cuenta de que hay sueños profesionales que no alcanzaré nunca. Mientas se lo decía, yo mismo me asustaba de expresar en voz alta algo en lo que últimamente he pensado. Me costó expresarlo y más todavía aceptarlo. Inmediatamente le dije que no renuncio a nada, que la vida y nuestras cabezas dan mil vueltas (al menos la mía) y las oportunidades siguen llamando a tu puerta a cualquier edad pero, quizás hoy, mis sueños son menos ambiciosos de lo que lo eran hace 10, 15 o 20 años cuando consideras que te puedes comer el mundo.
Muchas veces las cosas llegan sin buscarlas, sin que las quieras, por suerte o por lo que sea, pero siempre vienen precedidas de un trabajo metódico, duro muchas veces y que uno hace porque cree que debe hacerlo, no por buscar futuras recompenses que bien podrían no llegar nunca. Personalmente me siento un privilegiado, esclavo de mi trabajo pero privilegiado de poder hacer algo que me gusta, que me apasiona diría yo. Que amigos periodistas busquen tu consejo es una buena señal porque significa que te respetan y valoran tu opinión, consejo que yo mismo busco en periodistas con más experiencia profesional y de vida o de vivencias que diría alguno. Gracias también a ellos por estar ahí.

Hola kfonci, ¡cuáaaanto tiempo!. Te sigo, te escucho, te leo, etc. Al hilo del post: ¿Menos ambición? Es lógico, con el tiempo nos vamos volviendo un poquito mas segurolas, descubrimos que hay quien realmente se come el mundo a dentelladas y se le termina atragantando… un beso desde el ayuno!
Gracias por el comentario.
Hay algunos que no lo sabéis, quizá debido a que no tenéis que saberlo, pero Fon, como yo le llamo, siempre está ahí cuando uno de esos amigos de veintitantos periodistas de Nueva York, entre los que yo me encuentro, le necesita para “llorar” por esa crónica que tenía que salir y no se ha podido publicar, por ese cambio que ha hecho un editor o simplemente para consolar al compañero.
Luis Foncillas, como se le conoce en los medios, ve el ángulo interesante de lo que pasa y casi siempre, el casi va porque él es humano,cuenta las cosas como lo tiene que hacer.
Mientras que Fon, el amigo, es alguien con el que siento que me ha tocado la lotería.
Gracias Luis.