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LOS CHICOS DE LA GUERRA

Martes, 10 de Julio de 2007 Pedro Maria de Aguirre

Recuerdos de infancia

Cuando escucho hablar de “los chicos de la guerra” intento imaginar lo que habrán sentido, en esos momentos, cualquiera que fuera el lugar o país en el mundo, donde se desarrollase esa situación.

  

Me recuerda la historia contada por nuestros padres, tíos y abuelos, en relación al bombardeo de Gernika, donde aparecían aviones que no sabían de donde venían, y escuchaban ese ruido tan desconocido y difícil de olvidar.
Cuentan que cuando eran pequeños, sonaban las sirenas, debían apagar las luces y para ellos, la espera, era una mezcla de temor, aventura, e incertidumbre.
Alguno de ellos recuerda también, ver a gente tirando con escopetas hacia los aviones, por supuesto sin tener posibilidades de hacerles daño.
El abuelo trabajaba en una Fabrica, Ituarte creo que así se llamaba, que preparaba espoletas para las granadas para resistir la invasión y tuvo que salir de Euskadi con nueve hijos, ayudado por el Gobierno Vasco quien consiguió un automóvil y desde San Sebastián se dirigieron a Bilbao, para esperar, escondidos en una casa y con poca comida, un barco para pasar a Francia. Una vez en Francia, a pocos días se embarcaron en el buque Cap Arkona, para venir a Argentina y sentirse seguros.
Los hijos rondaban edades entre 2 y 12 años, y siempre me pregunto si lo tomaban, con miedo, con emoción, con picardía, hasta donde llegaba su imaginación y si realmente se daban cuenta de lo que ocurría. A esa edad supongo que seria imposible decodificar la información que entraba en su mente y darse cuenta que era una de las primeras experiencias de bombardeos sobre poblaciones civiles, sino la primera.
Ahora, cuando veo las imágenes en programas que recuerdan el bombardeo, no puedo de dejar de pensar que lo que uno escucho como un cuento, era una realidad atroz, donde se mataba gente, sin tener en cuenta la vida de las personas, las mujeres y niños, sus anhelos y esperanzas, pero por otra parte demuestra el carácter de un pueblo, que como el junco, se dobla pero siempre sigue en pie, y creo que es por eso que Gernika y Euskadi están vivos ¡¡¡¡…………………………. Por el alma de sus gentes ¡

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